Conciliación laboral y familiar: equilibrio entre el trabajo y el tiempo libre

El mundo laboral moderno plantea muchos retos a los empleados. Mientras que algunas carreras permiten una interacción relajada entre el trabajo y la vida privada, muchas otras exigen considerables sacrificios en el ámbito del ocio y la vida familiar.

Pero no sólo los empleados se preocupan cada vez más por el concepto de conciliación de la vida laboral y familiar: cada vez son más las empresas que han empezado a aplicar medidas específicas para promover la conciliación de la vida laboral y familiar de sus empleados. El objetivo es que los empleados no sólo sean más productivos, sino también más felices y equilibrados.

¿Qué es la conciliación de la vida laboral y familiar?

El equilibrio de la vida laboral se ha convertido en algo más que un deseo lejano: cada vez más empresas dan importancia a que sus empleados tengan su propio "equilibrio" mental, porque los empleados equilibrados y felices están más motivados y son más productivos. Si una empresa -consciente o inconscientemente- exprime demasiado la vida de sus empleados en el trabajo, por ejemplo, mediante demasiadas horas extras o una presión inhumana, provocará inevitablemente insatisfacción y estrés, que a su vez se manifestará en enfermedad, baja productividad y alienación.

Definición: equilibrio de la vida laboral

La conciliación de la vida laboral es el equilibrio ideal entre el trabajo y la vida privada. Se trata de un verdadero concepto existencial que considera la máxima felicidad del empleado como combustible para un trabajo productivo y satisfactorio y que sitúa al empresario y al empleado en el mismo nivel de responsabilidad.

La insatisfacción general de los trabajadores da una idea de hasta qué punto el equilibrio entre la vida laboral y la personal sigue siendo una ilusión en nuestro país. Sin embargo, se está notando un lento cambio en el mundo del trabajo: cada vez más empresas están dispuestas a adoptar un equilibrio saludable entre la vida laboral y la personal y a promoverlo de forma específica.

Lo que sí es cierto hoy en día es que todas las partes pueden beneficiarse de un buen equilibrio entre la vida laboral y la personal. Sin embargo, nuestra sociedad orientada al rendimiento ignora con demasiada frecuencia la importancia del principio del "empleado feliz", que sigue siendo fuente de confusión y escepticismo entre algunos niveles de dirección. Esta reacción se debe a la filosofía de la competencia, en la que todas las ruedas del mecanismo empresarial deben funcionar para garantizar una alta competitividad, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de trabajadores cualificados y el desarrollo demográfico.

Sin embargo, lo que a menudo no se entiende es que los empleados no son máquinas que trabajan continuamente durante el día y recargan sus baterías en casa por la noche. En la mayoría de los casos, la gente trabaja para poder vivir, y no al revés.

Una actitud sana hacia la conciliación de la vida laboral y familiar empieza por el empresario, que no debe verse a sí mismo como la máxima autoridad en la vida de sus empleados, sino como un socio fiable que hace posible una vida digna. Las empresas tienden a caminar en la cuerda floja a este respecto: la dirección sigue teniendo dificultades para encontrar el equilibrio adecuado entre las medidas que mejoran la vida y el rigor en el trabajo.

Las preguntas que se hacen a menudo los empresarios son: ¿cuánta libertad puedo dar a mis empleados? ¿Cuánta disciplina debo exigir? Según la creencia de que un exceso de libertad conduce a la indisciplina y la negligencia, las empresas con un ambiente demasiado relajado corren el riesgo de que los empleados se aprovechen demasiado de la generosidad de su empleador.

En última instancia, el empleado es igualmente responsable de un buen equilibrio entre el trabajo y la vida privada. Al fin y al cabo, estamos hablando de un equilibrio y no de que el trabajo pierda importancia en favor de un estilo de vida más relajado.

Por otro lado, hay empresas cuya dinámica de trabajo tiene un impacto demasiado negativo en la vida privada y familiar de sus empleados al exigirles horas extras, es decir, al dejarles menos tiempo libre, y al ejercer presión en el trabajo, es decir, al provocar estados de ánimo depresivos fuera de la oficina. En estos casos, el trabajo se vuelve tan omnipresente que incluso persigue la vida privada.

La sobrecarga de trabajo, la depresión y el síndrome del quemado son las consecuencias frecuentes de un sistema económico en el que el crecimiento sigue siendo la máxima básica común mientras que la felicidad personal es una cuestión totalmente individual. Aquí es donde entra en juego el concepto de conciliación de la vida laboral y familiar, con la intención de intervenir de forma decisiva para dar un vuelco a este sistema.

La familia también desempeña un papel importante en este equilibrio, que en las circunstancias del mundo laboral moderno corre el riesgo de convertirse en un mero efecto secundario de una carrera exitosa. Las empresas tienen la responsabilidad de hacer posible una vida familiar sana. Después de todo, para muchos empleados la familia es el apoyo más importante para una vida feliz. Sin embargo, si se descuida en favor de la vida laboral, todo el equilibrio de la vida laboral corre el riesgo de derrumbarse.

¿Qué forma parte de un equilibrio saludable entre el trabajo y la vida privada?

Una vida profesional y privada saludable requiere muchos factores interdependientes: el equilibrio de la vida laboral es el arte de aplicar el mayor número posible de estos factores en ambas áreas sin causar daños en otras (productividad, valor del trabajo, socializar, horarios y estructuras flexibles, guardería, familia, amistades, vida en pareja, deporte y aficiones, etc...). Es importante saber qué pertenece a una buena vida laboral y qué pertenece a una buena vida privada, y cómo están interconectados los distintos factores.

Es importante aclarar que las necesidades en los respectivos ámbitos de la vida son individuales. Mientras que un empleado da gran importancia a las aficiones y los intereses personales, pero no se interesa (todavía) por su propia planificación familiar, el otro se conforma con pasar el tiempo suficiente con su familia para tener una vida privada saludable.

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